Christian Dior

La Alta Costura francesa de los años 50 en el Museo de Bellas Artes de Bilbao

Cuando leemos en la misma frase las expresiones “Alta Costura” y “años 50” nos viene a la mente la imagen de un mundo de elegancia y sofisticación que, desgraciadamente, hace tiempo que dejó de existir. Nunca podremos respirar el ambiente de los salones de Pierre Balmain o Jacques Fath, pero si nos acercamos al Museo de Bellas Artes de Bilbao podremos revivir el esplendor de la edad de oro de la Alta Costura gracias a la exposición “Los años 50. La moda en Francia 1947-57”.

El Museo Galliera de París acogió en 2014 esta muestra comisariada por Olivier Saillard y en esta ocasión, la encargada de adaptar la muestra a las características del Museo de Bellas Artes de Bilbao ha sido la experta en Historia del Traje Miren Arzalluz. La cronología de la exposición está marcada por la presentación de la colección “Corolle” de Dior en 1947 y el fallecimiento del diseñador diez años después, un triste acontecimiento que marcó de manera simbólica el final del esplendor de la costura. Tras la inesperada muerte de Dior, que fue sucedido por su discípulo Yves Saint Laurent, el mundo de la moda vivió un momento de incertidumbre al que había que añadir las circunstancias sociales y económicas que dieron vía libre al prêt-à-porter.

Izquierda: Vestido “Chérie” presentado por Dior en 1947. Derecha: Yves Saint Laurent tras el funeral de Dior. Fotografía de Loomis Dean, a.1957

Con esta muestra, el Museo de Bellas Artes parece haberse convertido en el guardarropa de una clienta de las mejores casas de alta costura de los años 50. Un guardarropa perfectamente estructurado según los usos en el vestir de la época, que seguían un estricto protocolo, y engalanado con la magnífica colección que se puede ver de manera permanente en museo. Como destaca la comisaria adjunta de la exposición, “los diseñadores franceses presentes en la muestra no se inspiraron directamente en las obras de la colección del Museo de Bilbao pero las correspondencias entre ambas disciplinas afloran de manera natural y ensalzan las obras”.

Retrato de Juana de Austria (a.1557) de Antonio Sánchez Coello. A la derecha, vestidos de Dior y Balmain de cierto aire historicista realizados en terciopelo de seda bordado.

El pasado mes de marzo el departamento de comunicación del museo organizó una visita guiada en la que varios bloggers contamos con las explicaciones de Miren Arzalluz, que aprovechó la ocasión para recordar la importancia de utilizar con propiedad el término “Alta Costura”. Esta expresión suele emplearse de manera errónea para referirse a la costura a medida, pero sólo se puede otorgar el título de Alta Costura a aquellas firmas que cumplan loss requisitos de la Cámara de la Alta Costura de París.

La comisaria Miren Arzalluz junto al traje Bar presentado por Dior en 1947.

La comisaria Miren Arzalluz junto al traje “Bar” presentado por Dior en 1947.

La exposición sólo podía comenzar de una manera: con el icónico traje Bar presentado en 1947. Con el New Look, Christian Dior dejaba atrás la austeridad impuesta por la Segunda Guerra Mundial (de la que algunos países aún no se habían recuperado del todo) y marcó el comienzo de la edad de oro de la alta costura.

Con esta silueta, el diseñador liberó a la mujer de las restricciones económicas que condicionaron su  guardarropa, pero para ello retomo postulados de la indumentaria del siglo XIX: cintura de avispa y volumen en la falda gracias metros y metros de tela.

Para Dior, el perfecto ejemplo de la silueta “New look” era su vestido “Chérie“, pero en nuestra retina está grabado este conjunto de chaqueta con hombros redondeados, faldones con volumen a la altura de las caderas gracias al relleno y una amplia falda plisada.Ilustración de Christian Bérard, a.1947

Las siguientes salas están dedicadas al vestuario de día y en la primera de ellas se aprecia muy bien la diferencia entre el estilo de Dior y el de Balenciaga, el gran maestro de la Alta costura que nunca cedió ante la presión del prêt-à-porter. El  aire sofisticado y el juego de volúmenes de los trajes de Dior contrasta con la sobriedad y ausencia de artificios del maestro de Guetaria, aunque ambos buscan el mismo resultado: la elegancia.

Traje de Balenciaga y traje “Bernique” de Dior (1951)

En esta sala, junto a un magnifico retablo realizado por Pere Nicolau a finales del s.XIV, destaca un traje de tarde creado por Jacques Fath en 1948. Se trata de un vestido de lana que imita un conjunto de dos piezas y que sigue la linea del New Look de Dior.

Vestido “San Salvador” diseñador por Madame Carven en 1951. La diseñadora se caracterizó por hacer una moda fresca y joven. En 1950 se asoció con otros modistas para experimentar con pequeñas colecciones de prêt-à-porter con el objetivo de aumentar las ventas, pero fue un fracaso.

Las líneas de moda joven, con tejidos más ligeros de estampados alegres perfectos para ir a la playa o al campo, son el origen del prêt-à-porter que se impondría en los 60. Llama la atención la originalidad de algunos conjuntos, formados por bañadores con falda o pantalón, que aportan un aire de frescura y modernidad.

Vestido “Hermeselle” de Hermés (a.1952) y conjunto “Embarcadero” en tonos marrones de Jacques Heim. A la derecha, conjunto de flores en tonos vivos formado por un bañador y una falda diseñado por Suzanne Lajoix en 1947.

En esta sala, Miren Arzalluz aprovechó para resaltar en la importancia del archivo fotográfico a la hora de abordar el montaje de una exposición de indumentaria. Las fotografías de la época (si las hay) son fundamentales para interpretar los vestidos tal y como fueron concebidos por el diseñador y condicionan la manera de exponerlo.

honey-kennedy-gordon-parks-hermes-1952-09-750x737 life magazine

En el caso del vestido “Hermeselle” de Hermés, se buscó un maniquí de tamaño reducido para que el vestido quedara ablusado. Al comprobar en las imágenes que se conservan en el archivo de la revista Life que la prenda se ajustaba al cuerpo fue necesario utilizar un busto de mayo tamaño.

A lo largo de los años 50 se pusieron de moda diferentes siluetas, en su mayoría marcadas por el contraste de volúmenes. Mientras Balenciaga prefería introducir los cambios de manera gradual en sus sucesivas colecciones, Christian Dior  presentaba en cada desfile una línea distinta. Esto obligaba a utilizar prendas íntimas que modificaran el cuerpo de la mujer cuerpo según la tendencia de la temporada.

linea dior 4

Siluetas propuestas por Christian Dior en cada una de sus colecciones.

Corpiños, fajas, sujetadores, combinaciones, medias de fantasía… La lencería alcanzó tal sofisticación que (casi) podía llevarse sin ninguna otra prenda encima. Hay quien dice que los vestidos de diseñadores como Balenciaga o Pertegaz alcanzaban tal perfección técnica que podían llevarse incluso del revés. Esto podía aplicarse a la lencería de la época, ya que alcanzo tal importancia que (casi) podía prescindirse del vestido. Anécdotas a parte, la perfección y el cuidado en la confección de la lencería influyo en la moda de la época y se realizaron prendas de corte lencero, en raso y encaje.

Los vestidos de estilo lencero y conjuntos de ropa íntima están rodeados de desnudos femeninos, como el del “Rapto de Europa” pintado por Martin de Vos en 1590 (al fondo).

Mientras que el vestuario de día buscaba la funcionalidad sin dejar de lado la sofisticación, los diseñadores daban rienda suelta a su imaginación para elaborar trajes de noche espectaculares. Incluso Chanel y Balenciaga, fieles a la sencillez  y discreción de sus creaciones de día, cedían algo de terreno a la fantasía en sus vestidos de noche.

Vestido de noche realizado en piqué blanco, a.1949. Este tejido parece más adecuado para moda de día pero gracias a la audacia de Jacques Fath como diseñador funciona perfectamente en este vestido de fiesta.

Los modelos de noche destacan por la riqueza de los tejidos con los que están confeccionados y la importancia de  los volúmenes. Unos vestidos que las santas de Zurbarán  parecen mirar con deseo desde las paredes del museo y que están en sintonía con los atavíos que el pintor extremeño diseñó para ellas. No en vano, muchos de estos vestidos muestran influencias de la indumentaria de los retratos del s.XVII y x.XVIII y precisamente por ello, las piezas del Museo Galliera conviven sin problemas con la colección de arte antiguo del museo bilbaíno.

La Santa Isabel de Turingia pintada por Zurbarán hacia 1635-40 observa los vestidos de noche diseñador por Schiaparelli, Jean Dessès o Renée Marchal.

De las paredes del Museo de Bellas Artes cuelgan obras que tienen nombre propio, pero no son las únicas. Los diseñadores ponían nombre a cada uno de sus modelos en un ejercicio de lo que Chanel llamaba con desprecio poesía costurera y que ella evitó numerando sus creaciones. Después de años en el exilio, la mujer que había revolucionado la moda femenina en los años 30 abría de nuevo su casa de costura en 1954. El mismo año en que Schiaparelli, la otra gran protagonista de la alta costura de entreguerras y su rival directa, cerraba su taller.

Vestido “Antonia” de Pierre Balmain (1954) y traje de chaqueta “Esperanto” de Carven (1951)

 Dior aseguraba que dándole un nombre evocador a un vestido no sólo embellecía a una clienta sino que la hacía más feliz. No todos los diseñadores estaban de acuerdo con esta “poesía costurera”, pero es una buena muestra de cómo Dior  dominaba a la perfección el arte de la publicidad.

Chanel consideraba que eran las mujeres quienes debían diseñar y marcar las directrices de la moda femenina,  pero paradójicamente eran una minoría en la Alta Costura. Con su vuelta podía mitigar esa desigualdad e imponer su “Chanel look” frente a la opulencia de la moda de la época, pero con el prêt-à-porter pisándole los talones poco podía hacer para evitar la desaparición del oficio de la Alta Costura tal y como ella lo había conocido.

Las casas de costura intentaron adaptarse de alguna manera a los nuevos tiempos, pero el mundo que había visto nacer estos talleres artesanos estaba dejando de existir y muchas de las casa de moda presentes en la exposición desaparecieron antes de 1960. Chanel confiaba en la convivencia de la confección con la costura, como se desprende de sus palabras: “La confección esta inundando el mundo. Pero mezclar la cantidad con la calidad es una autentica equivocación. Francia será la última vencida. París nunca lo será”. No andaba muy desencaminada…

La exposición “Los años 50. La moda en Francia 1947-1957” podrá visitarse hasta el 31 de Agosto. Para más info:

https://www.museobilbao.com/exposiciones/los-anos-50-la-moda-en-francia-1947-1957-231

Anuncios

Un carnaval de arte y moda

Estos días se ha celebrado el carnaval y el de Venecia es uno de los más antiguos y famosos del mundo. Esta fiesta tiene mucho que ver con la representación teatral, no en vano algunos de los disfraces más populares y representativos son personajes de la Comedia del Arte. Muchos pintores han recogido en sus lienzos escenas de esta popular fiesta por su interés en la teatralidad, mientras que otros artistas se han limitado a emplear el arte del disfraz en sus obras.

                        “El minueto” Tiépolo c.1755

Veronese se retrató en como un noble vestido de cazador en los los frescos que realizó en 1560 en Villa Barbaro.

Veronese se retrató como un noble vestido de cazador en los frescos que realizó en 1560 en Villa Barbaro.

Rembrandt realizó este retrato de su hijo Titus vestido con hábito de monje en 1660. No se sabe muy bien si se trata de una disfraz o de un estudio para otra escena más completa.

Rembrandt realizó este retrato de su hijo Titus vestido con hábito de monje en 1660. No se sabe muy bien si se trata de un disfraz o del estudio para una escena más completa.

Algunos artistas aparecen representados en sus propias obras como personajes de época o se hacían retratar en cuadros y fotografías como los artistas e intelectuales a los que admiraban, tal y como podemos ver en la obra de David Wilkie Wynfield.

Sir John Everett Millais fotografiado por David Wilkie Wynfield como Dante (a.1862)

Por otra parte, es habitual encontrar retratos de los s.XVIII y XIX en los que las figuras aparecen ataviadas con ropajes característicos de otras civilizaciones y épocas, sin hacer referencia a personajes concretos. Este recurso se empleaba para relacionar a los retratados con culturas con la que estaban especialmente vinculados y por las que viajeros, intelectuales y escritores alimentaron el interés en Europa.

NPG 4573; Edward Wortley Montagu by Matthew William Peters     NPG 6538; Sir Theodore Turquet de Mayerne by Unknown artist

Izquierda:  Edward Wortley Montagu, viajero y especialista en lenguas arábigas, retratado por Matthew William Peters en 1775  Derecha: La toga a la romana con la que es retratado el médico Sir Theodore Turquet de Mayerne nos sugiere una conexión con el conocimiento de la antigüedad clásica. Autor anónimo, s.XVII.

Posible retrato de Marie Adelaide de Francia vestida a la turca. Jean-Étienne Liotard a.1753

Posible retrato de Marie Adelaide de Francia vestida a la turca. Jean-Étienne Liotard a.1753

Este tipo de indumentaria puede parecernos un disfraz, pero las culturas clásica y oriental influyeron notablemente en la estética de la época. Un buen ejemplo son  los retratos de mujeres vestidas con kimonos y que podrían parecernos disfrazadas de geishas. En la década de 1870 las mujeres pasaron de usar estas prendas tradicionales para estar en casa a lucir vestidos de calle muy a tono con el japonismo característico del s.XIX.

Capricho en púrpura y oro. La pantalla dorada (a.1864). James Abbott McNeill Whistler. Smithsonian Museum

Capricho en púrpura y oro. La pantalla dorada (a.1864). James Abbott McNeill Whistler. Smithsonian Museum

Un caso muy significativo es el de la moda oriental y Paul Poiret. Durante el s.XIX, Oriente atrajo la atención de artistas y literatos que viajaron a diferentes países del Norte de África y reflejaron en sus obras la fascinación por estas culturas y sus gentes. Esta pasión por el orientalismo se reflejó en la indumentaria decimonónica pero fue Paul Poiret quien hizo del panorama de la moda de principios del s.XX su particular harén.

El diseñador francés ya había presentado algunas de sus exóticas creaciones hacia 1907, pero la representación de los Ballets Russes en París en 1909 consolidó e impulsó esta influencia en la moda y en las artes. Al igual que ocurre con la caracterización de algunos retratos, en ocasiones cuesta diferenciar la moda de la caracterización en las creaciones de Poiret. El artista (como se definía a sí mismo) vivía inmerso en su particular teatro de la moda, creando no sólo diseños orientales sino también la decoración adecuada para la presentación de sus colecciones y su particular modo de vida. Su famoso baile de “Las mil y dos noches”  que se celebró en 1911 es el mejor ejemplo de ello.

             Escena del baile “Las mil y dos noches”

Paul y Denise Poiret organizaron en su residencia del Faubourg Saint-Honoré un baile en honor al egiptólogo Joseph Charles Mardrus y recrearon (junto a Georges Lepape, Raoul Dufy y Jean Cocteau) un palacio asirio de ensueño. Las aves y vegetaciones exóticas hicieron las delicias de los invitados, que acudieron vestidos a la manera persa. Poiret aprovechó la ocasión para presentar algunos de sus diseños orientales, de manera que el espectacular despliegue escenográfico de la fiesta fusionó la mascarada y la acción publicitaria.

agnautacouture denis poret 1002 party denise poiret 1002 party lepape

Izquierda: Denise y Paul Poiret disfrazados en la fiesta “Las mil y dos noches”. Derecha: Ilustración realizada por Lepape en la que aparece Denise Poiret en la legendaria fiesta.

Aquella magnifica velada oriental es una de las fiestas míticas del s.XX, pero no es la única que ha pasado a la historia. Desde el s.XVIII hasta la segunda Guerra Mundial se celebraron por todo lo alto numerosos bailes temáticos cuya etiqueta exigía un disfraz ad hoc y en los que la relación con el arte y la moda es más que manifiesta.

Uno de los más curiosos es que el que organizó en 1885 Walter Crane, artista inglés adscrito al movimiento Arts and Crafts, como parte de los festejos que celebraban la construcción de los nuevos edificios del Instituto Real de Pintores de Acuarelas de Londres. El mismo Crane, su esposa y su hijo formaron parte junto a otros artistas de un cuadro viviente que reproducía la famosa obra de Leighton “Cimabue celebrando la Madonna”.

 Walter Crane disfrazado de Cimabue y su mujer Mary Frances como Laura, el objeto de amor en los poemas de Petrarca (a.1897) Fotografía de Sir Emery Walker

Walter Crane y su mujer Mary Frances con los disfraces que utilizaron en la mascarada de 1885. Crane aparece como Cimabue y su mujer como Laura, el objeto del amor de Petrarca (a.1897) Fotografía de Sir Emery Walker

Cimabue celebrando la Madonna(c.1855), Frederic Leighton. National Gallery, Londres.

En el centro aparace Cimabue vestido de blanco. A la derecha vemos un autorretrato de Leighton sobre un caballo y caracterizado con los ropajes de la época. “Cimabue celebrando la Madonna” (c.1855), Frederic Leighton.

El arte puede ser la inspiración para un baile de disfraces pero también puede suceder al contrario, como en el caso de la fiesta que organizó Olga Lynn en 1935. La modelo convocó a la alta sociedad londinense para un baile benéfico cuyo tema era el Olimpo y sus diosas. Las damas más distinguidas acudieron al evento vestidas como diosas griegas y romanas y este desfile de belleza a la antigua inspiró a la fotógrafa Madame Yevonde para su serie “Diosas y otras”. Estas fotografías llaman especialmente la atención por la técnica empleada, el uso del color y su similitud con la fotografía de moda de la época.

 Lady Dorothy Etta Warrender como Ceres. Madame Yevonde

Lady Dorothy Etta Warrender como Ceres (a.1935), Madame Yevonde 

Hablando de espectáculo, arte, moda y mascaradas es difícil no mencionar a Elsa Schiaparelli. La diseñadora que ”disfrazó” a las mujeres de constelaciones, artistas circenses y obras de arte encontró un motivo de inspiración en el baile “La comedia italiana”, ofrecido por Maurice de Rotschild en el París de 1937. Un año después, presentó su colección “La Commedia dell’Arte” que incluía este abrigo tipo arlequín realizado en patchowrk en el que se inspiró Man Ray para realizar su obra “Le beau temps” (a.1939).

schiaparelli abrigo arlequin 1939 metmusem           le beaux temps man ray 1939 philamuseum

          Estas obras de Schiaparelli y Man Ray fueron realizadas antes del estallido de la Guerra Mundial y en ambas se refleja el estado de ánimo de la sociedad ante el inminente conflicto bélico.

La segunda guerra mundial trajo malos tiempos para la diversión y los fastos, pero una vez resuelto el conflicto bélico tuvo lugar el baile que aún hoy se recuerda como uno de los mejores de todos los tiempos. Aquella inolvidable noche tuvo lugar en el verano de 1951 en el Palazzo Labbia de Venecia, propiedad del decorador español Carlos de Beistegui. El impresionante edificio se decoró con todo lujo de detalles, perfectamente documentados, siguiendo el estilo del s.XVIII y tenía como tema principal “La cena de Clepatra”. Lo más granado de la sociedad se vistió para la ocasión representando diferentes personajes de la literatura, pintura e historia de la época. Todos ellos fueron recibidos por Antonio y Cleopatra, representados en los frescos realizados por Tiépolo en el palacio. Christian Dior acudió con un traje diseñado por Dalí y a su vez fue el artífice de alguno de los disfraces de la fiesta, como el que realizó para Alix de Rothschild. El corpiño y la falda con crinolina hacían parecer a la baronesa una pastora de los bucólicos cuadros de Watteau.

baile beisteguui lofficiel 951 2010 beistegui jacques fath como el rey sol

Izquierda: Lady Diana Cooper en el centro de un grupo de invitados Derecha: Jacques Fath junto a su mujer Geneviève.

Otro nombre de la edad de oro de la Alta Costura, Jacques Fath, acudió a la fiesta de Beistegui vestido como el Rey Sol y ese mismo año fue el anfitrión de dos memorables bailes de máscaras en su castillo de Corbeville: “Hollywood 1925” y “Blanco y rojo”. Este último se ambientó en la corte francesa del s.XVIII y Fath recibió a sus invitados entre rosas rojas y reproducciones vivientes de cuadros de Watteau y Fragonard.

baile de jacques fath loifficiel 1951.png 2     baile de jacques fath loifficiel 1951 blanco y rojo

Izquierda: Jacques Fath y su mujer Geneviève, vestida como María Antonieta, recibiendo a sus invitados. Derecha: Tony Pawson y David Bloomingdale.

A pesar de que tras la segunda guerra mundial estos fastuosos eventos fueron cada vez menos habituales, la segunda mitad del s.XX ha sido testigo de fabulosas mascaradas. Un buen ejemplo es el baile “Cabezas surrealistas” ofrecido por los Rotschild en 1972, en el que el arte y la moda fueron protagonistas indiscutibles.

  jacqueline delubac scalaregia baron alexis de redé sombrero de dalí scalaregia

Izquierda: Jacqueline Delubac con un disfraz inspirado en la obra “El hijo del hombre” de Magritte Derecha: El barón Alexis de Redé con un sombrero diseñado por Dalí, que también acudió a la fiesta.

invitacion bal surrealista scalaregia

El anverso de la invitación que enviaron los barones de Rotschild  estaba escrita al revés sobre un cielo de Magritte.

En las últimas décadas algunos diseñadores han hecho de la vertiente más extravagante de la moda su seña de identidad, deleitándonos con artificios que en ocasiones se acercan al disfraz. Las imaginativas puestas en escena y la espectacularidad de algunas creaciones nos hacen sentir como un invitado más de aquellos lujosos bailes que nos siguen haciendo soñar.

Christian Dior. Colección Alta Costura Otoño/Invierno 2005

Christian Dior. Colección Alta Costura O/I 2005