Moda

Un carnaval de arte y moda

Estos días se ha celebrado el carnaval y el de Venecia es uno de los más antiguos y famosos del mundo. Esta fiesta tiene mucho que ver con la representación teatral, no en vano algunos de los disfraces más populares y representativos son personajes de la Comedia del Arte. Muchos pintores han recogido en sus lienzos escenas de esta popular fiesta por su interés en la teatralidad, mientras que otros artistas se han limitado a emplear el arte del disfraz en sus obras.

                        “El minueto” Tiépolo c.1755

Veronese se retrató en como un noble vestido de cazador en los los frescos que realizó en 1560 en Villa Barbaro.

Veronese se retrató como un noble vestido de cazador en los frescos que realizó en 1560 en Villa Barbaro.

Rembrandt realizó este retrato de su hijo Titus vestido con hábito de monje en 1660. No se sabe muy bien si se trata de una disfraz o de un estudio para otra escena más completa.

Rembrandt realizó este retrato de su hijo Titus vestido con hábito de monje en 1660. No se sabe muy bien si se trata de un disfraz o del estudio para una escena más completa.

Algunos artistas aparecen representados en sus propias obras como personajes de época o se hacían retratar en cuadros y fotografías como los artistas e intelectuales a los que admiraban, tal y como podemos ver en la obra de David Wilkie Wynfield.

Sir John Everett Millais fotografiado por David Wilkie Wynfield como Dante (a.1862)

Por otra parte, es habitual encontrar retratos de los s.XVIII y XIX en los que las figuras aparecen ataviadas con ropajes característicos de otras civilizaciones y épocas, sin hacer referencia a personajes concretos. Este recurso se empleaba para relacionar a los retratados con culturas con la que estaban especialmente vinculados y por las que viajeros, intelectuales y escritores alimentaron el interés en Europa.

NPG 4573; Edward Wortley Montagu by Matthew William Peters     NPG 6538; Sir Theodore Turquet de Mayerne by Unknown artist

Izquierda:  Edward Wortley Montagu, viajero y especialista en lenguas arábigas, retratado por Matthew William Peters en 1775  Derecha: La toga a la romana con la que es retratado el médico Sir Theodore Turquet de Mayerne nos sugiere una conexión con el conocimiento de la antigüedad clásica. Autor anónimo, s.XVII.

Posible retrato de Marie Adelaide de Francia vestida a la turca. Jean-Étienne Liotard a.1753

Posible retrato de Marie Adelaide de Francia vestida a la turca. Jean-Étienne Liotard a.1753

Este tipo de indumentaria puede parecernos un disfraz, pero las culturas clásica y oriental influyeron notablemente en la estética de la época. Un buen ejemplo son  los retratos de mujeres vestidas con kimonos y que podrían parecernos disfrazadas de geishas. En la década de 1870 las mujeres pasaron de usar estas prendas tradicionales para estar en casa a lucir vestidos de calle muy a tono con el japonismo característico del s.XIX.

Capricho en púrpura y oro. La pantalla dorada (a.1864). James Abbott McNeill Whistler. Smithsonian Museum

Capricho en púrpura y oro. La pantalla dorada (a.1864). James Abbott McNeill Whistler. Smithsonian Museum

Un caso muy significativo es el de la moda oriental y Paul Poiret. Durante el s.XIX, Oriente atrajo la atención de artistas y literatos que viajaron a diferentes países del Norte de África y reflejaron en sus obras la fascinación por estas culturas y sus gentes. Esta pasión por el orientalismo se reflejó en la indumentaria decimonónica pero fue Paul Poiret quien hizo del panorama de la moda de principios del s.XX su particular harén.

El diseñador francés ya había presentado algunas de sus exóticas creaciones hacia 1907, pero la representación de los Ballets Russes en París en 1909 consolidó e impulsó esta influencia en la moda y en las artes. Al igual que ocurre con la caracterización de algunos retratos, en ocasiones cuesta diferenciar la moda de la caracterización en las creaciones de Poiret. El artista (como se definía a sí mismo) vivía inmerso en su particular teatro de la moda, creando no sólo diseños orientales sino también la decoración adecuada para la presentación de sus colecciones y su particular modo de vida. Su famoso baile de “Las mil y dos noches”  que se celebró en 1911 es el mejor ejemplo de ello.

             Escena del baile “Las mil y dos noches”

Paul y Denise Poiret organizaron en su residencia del Faubourg Saint-Honoré un baile en honor al egiptólogo Joseph Charles Mardrus y recrearon (junto a Georges Lepape, Raoul Dufy y Jean Cocteau) un palacio asirio de ensueño. Las aves y vegetaciones exóticas hicieron las delicias de los invitados, que acudieron vestidos a la manera persa. Poiret aprovechó la ocasión para presentar algunos de sus diseños orientales, de manera que el espectacular despliegue escenográfico de la fiesta fusionó la mascarada y la acción publicitaria.

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Izquierda: Denise y Paul Poiret disfrazados en la fiesta “Las mil y dos noches”. Derecha: Ilustración realizada por Lepape en la que aparece Denise Poiret en la legendaria fiesta.

Aquella magnifica velada oriental es una de las fiestas míticas del s.XX, pero no es la única que ha pasado a la historia. Desde el s.XVIII hasta la segunda Guerra Mundial se celebraron por todo lo alto numerosos bailes temáticos cuya etiqueta exigía un disfraz ad hoc y en los que la relación con el arte y la moda es más que manifiesta.

Uno de los más curiosos es que el que organizó en 1885 Walter Crane, artista inglés adscrito al movimiento Arts and Crafts, como parte de los festejos que celebraban la construcción de los nuevos edificios del Instituto Real de Pintores de Acuarelas de Londres. El mismo Crane, su esposa y su hijo formaron parte junto a otros artistas de un cuadro viviente que reproducía la famosa obra de Leighton “Cimabue celebrando la Madonna”.

 Walter Crane disfrazado de Cimabue y su mujer Mary Frances como Laura, el objeto de amor en los poemas de Petrarca (a.1897) Fotografía de Sir Emery Walker

Walter Crane y su mujer Mary Frances con los disfraces que utilizaron en la mascarada de 1885. Crane aparece como Cimabue y su mujer como Laura, el objeto del amor de Petrarca (a.1897) Fotografía de Sir Emery Walker

Cimabue celebrando la Madonna(c.1855), Frederic Leighton. National Gallery, Londres.

En el centro aparace Cimabue vestido de blanco. A la derecha vemos un autorretrato de Leighton sobre un caballo y caracterizado con los ropajes de la época. “Cimabue celebrando la Madonna” (c.1855), Frederic Leighton.

El arte puede ser la inspiración para un baile de disfraces pero también puede suceder al contrario, como en el caso de la fiesta que organizó Olga Lynn en 1935. La modelo convocó a la alta sociedad londinense para un baile benéfico cuyo tema era el Olimpo y sus diosas. Las damas más distinguidas acudieron al evento vestidas como diosas griegas y romanas y este desfile de belleza a la antigua inspiró a la fotógrafa Madame Yevonde para su serie “Diosas y otras”. Estas fotografías llaman especialmente la atención por la técnica empleada, el uso del color y su similitud con la fotografía de moda de la época.

 Lady Dorothy Etta Warrender como Ceres. Madame Yevonde

Lady Dorothy Etta Warrender como Ceres (a.1935), Madame Yevonde 

Hablando de espectáculo, arte, moda y mascaradas es difícil no mencionar a Elsa Schiaparelli. La diseñadora que ”disfrazó” a las mujeres de constelaciones, artistas circenses y obras de arte encontró un motivo de inspiración en el baile “La comedia italiana”, ofrecido por Maurice de Rotschild en el París de 1937. Un año después, presentó su colección “La Commedia dell’Arte” que incluía este abrigo tipo arlequín realizado en patchowrk en el que se inspiró Man Ray para realizar su obra “Le beau temps” (a.1939).

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          Estas obras de Schiaparelli y Man Ray fueron realizadas antes del estallido de la Guerra Mundial y en ambas se refleja el estado de ánimo de la sociedad ante el inminente conflicto bélico.

La segunda guerra mundial trajo malos tiempos para la diversión y los fastos, pero una vez resuelto el conflicto bélico tuvo lugar el baile que aún hoy se recuerda como uno de los mejores de todos los tiempos. Aquella inolvidable noche tuvo lugar en el verano de 1951 en el Palazzo Labbia de Venecia, propiedad del decorador español Carlos de Beistegui. El impresionante edificio se decoró con todo lujo de detalles, perfectamente documentados, siguiendo el estilo del s.XVIII y tenía como tema principal “La cena de Clepatra”. Lo más granado de la sociedad se vistió para la ocasión representando diferentes personajes de la literatura, pintura e historia de la época. Todos ellos fueron recibidos por Antonio y Cleopatra, representados en los frescos realizados por Tiépolo en el palacio. Christian Dior acudió con un traje diseñado por Dalí y a su vez fue el artífice de alguno de los disfraces de la fiesta, como el que realizó para Alix de Rothschild. El corpiño y la falda con crinolina hacían parecer a la baronesa una pastora de los bucólicos cuadros de Watteau.

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Izquierda: Lady Diana Cooper en el centro de un grupo de invitados Derecha: Jacques Fath junto a su mujer Geneviève.

Otro nombre de la edad de oro de la Alta Costura, Jacques Fath, acudió a la fiesta de Beistegui vestido como el Rey Sol y ese mismo año fue el anfitrión de dos memorables bailes de máscaras en su castillo de Corbeville: “Hollywood 1925” y “Blanco y rojo”. Este último se ambientó en la corte francesa del s.XVIII y Fath recibió a sus invitados entre rosas rojas y reproducciones vivientes de cuadros de Watteau y Fragonard.

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Izquierda: Jacques Fath y su mujer Geneviève, vestida como María Antonieta, recibiendo a sus invitados. Derecha: Tony Pawson y David Bloomingdale.

A pesar de que tras la segunda guerra mundial estos fastuosos eventos fueron cada vez menos habituales, la segunda mitad del s.XX ha sido testigo de fabulosas mascaradas. Un buen ejemplo es el baile “Cabezas surrealistas” ofrecido por los Rotschild en 1972, en el que el arte y la moda fueron protagonistas indiscutibles.

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Izquierda: Jacqueline Delubac con un disfraz inspirado en la obra “El hijo del hombre” de Magritte Derecha: El barón Alexis de Redé con un sombrero diseñado por Dalí, que también acudió a la fiesta.

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El anverso de la invitación que enviaron los barones de Rotschild  estaba escrita al revés sobre un cielo de Magritte.

En las últimas décadas algunos diseñadores han hecho de la vertiente más extravagante de la moda su seña de identidad, deleitándonos con artificios que en ocasiones se acercan al disfraz. Las imaginativas puestas en escena y la espectacularidad de algunas creaciones nos hacen sentir como un invitado más de aquellos lujosos bailes que nos siguen haciendo soñar.

Christian Dior. Colección Alta Costura Otoño/Invierno 2005

Christian Dior. Colección Alta Costura O/I 2005

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El desfile de Jorge Vázquez en el Palacio de Fernán Nuñez.

Hubo un tiempo en el que los palacios acogían las reuniones, los bailes y los acontecimientos mas importantes de las familias aristocráticas. Muchos de esos nobles edificios ya no están habitados y han dejado atrás los días de boato pero de vez en cuando recuperan el bullicio de los acontecimientos sociales para lucir en todo su esplendor en pleno s.XXI. Es el caso del palacio de Fernán Núñez, el lugar elegido por el diseñador Jorge Vázquez para presentar el pasado 6 de Febrero su colección invierno 2015/2016.

Las obras de este palacio situado en la calle Santa Isabel de Madrid fueron iniciadas a finales del s.XVIII por el duque de Alburquerque y marqués de la Mina y llevadas a cabo por Antonio López Aguado, arquitecto y discípulo de Villanueva. En 1847 su hijo Martín López Aguado dirigió las obras de remodelación, manteniendo la fachada y añadiendo la decoración de época isabelina que podemos admirar hoy día.

En el interior del palacio se atesoraban valiosas obras de Velázquez, Murillo, Goya y Federico de Madrazo así como piezas de artes decorativas. Muchas de estas obras fueron vendidas o retiradas por la familia tras la venta del edificio en 1941 a la Compañía de Ferrocarriles del Oeste pero aún se pueden ver en su interior los frescos realizados por Vicente Palmaroli y algunas copias de los cartones para tapices realizados por Goya.

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Salón Isabelino en el que se puede ver una obra del pintor francés Greuze. Foto: Revista La Voluntad a.1920

Sorprende encontrar tras la fachada neoclásica del edificio el refinamiento y el lujo afrancesado de las estancias que acogieron el desfile y que nos transportan a otra épocaNada más entrar en el palacio el perfume de las velas y flores frescas recibía a los asistentes al evento. Un aroma a rosas que se hacía más intenso al ascender los peldaños de la escalera que conduce al piso noble. El suelo de marquetería sobre el que antaño se daba cita la alta sociedad madrileña se cubrió para la ocasión con una moqueta rosa y el capitoné de los muebles de estilo isabelino fue sustituido por sillas doradas de estilo Napoleón III, muy apreciadas por Christian Dior y  tradicionalmente asociadas a la Alta Costura.

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Detalle de la decoración en Salón de estuco       Foto: Hola.com

Las modelos aguardaron su turno para salir a la pasarela en el salón rojo (antiguo despacho del duque) bajo la atenta mirada de un retrato de Fernando VII, monarca que concedió el título nobiliario al primer duque de Fernán Nuñez en 1817.

En el salón rojo puede verse un busto de Maria Antonieta, una de las primeras creadoras de moda y tendencias de la historia. Desde allí las modelos iniciaron su recorrido sobre la pasarela, que atravesaba el salón de baile, el salón isabelino y el salón amarillo. Foto: villaycortedemadrid.com

Durante la espera para el comienzo del desfile era inevitable elevar la vista y admirar la belleza del salón de baile de estilo rococó afrancesado. Dos espectaculares lámparas de Baccara,t realizadas por Paillard, se reflejaban en los enormes espejos dorados y las figuras de los frescos realizados por Palmaroli parecían esperar ansiosas el comienzo del espectáculo. Una vez apagadas las luces, las modelos hicieron su aparición bajo unas cortinas de seda de Lyon y el escudo heráldico de la familia rodeado de figuras alegóricas.

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Al ritmo de la música del desfile la modernidad irrumpió en la sala con una colección sofisticada y llena de referencias a décadas pasadas que podríamos haber visto perfectamente en la pasarela parisina. Las modelos lucieron prendas de líneas evasé, grandes botones y tejidos gruesos mezclados con vinilo, un material que recuerda a la moda futurista de los años 60 pero con un aire menos espacial, renovado y fácil de llevar al emplearse adornado con cristales y sobre troquelados.

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El pelo de cabra en los zapatos de salón llamó poderosamente la atención. Estos complementos recuerdan a las botas realizadas con este material que presentó André Courrèges en 1964 y que causaron furor, ya que era la primera vez que se empleaba este material en el calzado.

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Las transparencias  atrevidas y sofisticadas son una de las señas de identidad de la moda de los años 60 y 70.

El aire de los setenta se hizo notar en los pantalones de campana que estuvieron tan de moda a partir de 1975 y que, al parecer, volverán a ser tendencia. En su momento esta prenda se adornaba con bordados de flores, motivos que Jorge Vázquez sustituye por piezas de cristal de gran tamaño. La parka y el contraste de proporciones que dan los voluminosos abrigos de pelo sobre vestidos cortos o conjuntos de aire masculino al estilo Annie Hall fueron otras de las propuestas de sabor setentero.

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El estilo disco de los 70 se dejó ver en la chaqueta bordada con el nombre de la colección de Jorge Vázquez y un elegante mono combinado con guantes.

 El protagonista de alguna de las salidas del desfile fue el punto, un material más que apropiado para el invierno y que estuvo muy de moda en los años 70. Jorge Vázquez lo utiliza en vestidos con vuelo al estilo años 50 o en prendas largas ajustadas que dejan poco a la imaginación y siguen la línea de las propuestas de Courrèges y los vestidos tipo tubo de Halston.

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Un complemento especialmente llamativo fue un manguito de piel combinado con unos guantes largos que suponía un guiño al ambiente decimonónico del palacio.

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Algunas prendas del desfile hacían referencia al New Look de Dior con faldas corola que marcaban la cintura.

Jorge Vázquez presentó una colección de tonos claros (a excepción de los complementos y algunas concesiones al negro y el rojo) llena de contrastes en el uso de los tejidos, los volúmenes y la combinación de prendas. Contrastes que se advierten en la modernidad de sus propuestas combinadas con referencias a diferentes momentos de la Historia de la Moda y la presencia de creaciones contemporáneas en un entorno que realzaba la sofisticación del desfile.

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Aunque los tiempos de ostentación de los que hacía gala el s.XIX quedan muy atrás, es precisamente el refinamiento de tiempos pasados lo que en muchas ocasiones buscan los diseñadores para la puesta de largo que supone un desfile. No es la primera vez que Jorge Vázquez presenta su colección en un entorno  privilegiado como el Palacio de Fernán Núñez, ya que en temporadas pasadas escogió los jardines de la Embajada Francesa y el Real Jardín Botánico de Madrid.

En países como Francia e Italia es habitual que las colecciones de la semana de la moda se presenten en lugares de interés artístico y esa acertada asociación entre el arte y la moda contribuye a la consideración de esta última como un bien cultural que es importante proteger y difundir.

Imagenes del desfile: trendencias.com

Pertegaz en la memoria. El homenaje al diseñador en el Museo del Traje.

Excelentísimo Manuel Pertegaz, Don Manuel Pertegaz, el señor Pertegaz. Hay muchas maneras de referirse a uno de los mejores diseñadores de Alta costura en España pero todos los participantes en el homenaje que tuvo lugar en el Museo del Traje le llamaban simplemente Manolo.

Pedro Mansilla, coordinador del acto, reunió a una serie de personas allegadas al diseñador que estaban allí para recordar a una persona a la que apreciaban como profesional y aún más como amigo. Fue un acto muy emotivo en el que los asistentes pudimos conocer a través de recuerdos y vivencias la parte mas personal y desconocida de Manuel Pertegaz.

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En el homenaje estuvo presente una persona que Pedro Mansilla definió como “la mano derecha y la mano izquierda” de Pertegaz, Ángel Tribaldos, que demostró una discreción absoluta. La misma discreción de la que hacía gala Pertegaz, su jefe durante 40 años. Ángel prefirió dejar que el resto de participantes relataran historias del taller y anécdotas que él mismo vivió en primera persona y se limitó a recordar que Pertegaz “era un señor de la moda, pero sobre todo era un señor”

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Quien sí nos regaló alguna anécdota fue Dione Caus Pertegaz, una de las sobrinas del diseñador, que explicó lo unida que estaba a su tío y cómo este quería tener a toda su familia siempre cerca: tanto su única hermana como sus tres sobrinas Sionín, Elisa y Dione trabajaron con él muchos años. Y debía haber mucha faena en el taller porque estando su hermana Encarna embarazada de Dione, el momento del parto le sorprendió trabajando en los salones de la Avenida Diagonal y apenas le dio tiempo a subir al piso de arriba, donde vivía la familia, para traer al mundo a su hija.

Dione Pertegaz habló con cariño y admiración de su tío desde un punto de vista personal y profesional, aunque reconoció ante el publico el gran defecto del diseñador: la impuntualidad. Explicó que Pertegaz llegó tarde a más de un evento al que estaba invitado, haciendo acto de presencia junto a sus modelos vestidas con sus creaciones cuando todos los invitados ya se habían marchado. Dione lo contó divertida y sin darle mayor importancia, ya que aunque el diseñador llegara tarde” llenaba el espacio donde estaba a pesar de lo enjuto que era”

Una de esas modelos que en mas de una ocasión se quedó vestida de Pertegaz y sin evento es Nuria Valldaura, una de las maniquíes fijas de los talleres de Barcelona. Allí pasó jornadas de trabajo maratonianas dando vida y movimiento a las creaciones de este diseñador “pequeño en tamaño pero grande en calidad humana” y reivindicó la necesidad de un mayor conocimiento sobre la persona de Pertegaz. Resaltó el fuerte carácter que tenia, como buen aragonés, y la amabilidad y el respeto con el que trataba a todo el mundo. Contó emocionada la capacidad que el diseñador tenía para hacer que cada una de sus modelos se sintiera especial, de modo que en su taller no había un ambiente de competencia sino de armonía.Cada modelo sabía cuál era su papel dentro de la colección aunque lo que todas deseaban era desfilar con el vestido de novia, el broche de oro de las colecciones.

Nuria contó algunas anécdotas de la cabina de las modelos y nos hizo revivir por unos momentos el ambiente entre bambalinas de la alta costura, ese mundo que lamentablemente ya no existe y que nos deja entrever que era tan amable como sacrificado. Por mucha magia que queramos ponerle al mundo de la moda no deja de ser un oficio, con sus luces y sus sombras.

Resaltó en más de una ocasión que trabajar con Pertegaz era  lo máximo a lo que podía aspirar una maniquí. Según sus palabras era un honor y un continuo aprendizaje ya que pulía a las mujeres, tanto a sus clientas como a sus modelos. Pertegaz les enseñaba a eliminar todos aquello que sobresalía demasiado, a caminar y a moverse con gracia y elegancia: aprendían a ser cisnes.

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Pertegaz junto a la modelo Ana María a.1980

 “Las modelos entrábamos en el taller como patos y ocas y salíamos cisnes” Nuria Valldaura

Las modelos que trabajaban con Pertegaz eran las mas solicitadas junto a las de Balenciaga pero al diseñador no le gustaba que trabajaran en otros salones. Jose María Fillol, diseñador e impulsor del prêt-à -porter en España en los años 60, compartió con el público cómo tuvo la oportunidad de conocerle gracias a que una de esas modelos quiso desfilar para él.

Montse Bulnes, una de las musas de Pertegaz, encarnaba el ideal de belleza que había puesto de moda Audrey Hepburn (actriz a la que el mismo Pertegaz vistió en mas de una ocasión) y que Fillol buscaba para las modelos de su primer desfile de Moda del Sol en Barcelona. Aunque quería contar con Montse en el casting decidió no contratarla si no obtenía el permiso de Pertegaz, al que admiraba. El diseñador no solo dio su plácet sino que agradeció el detalle acudiendo al desfile, rompiendo su habitual costumbre de no acudir a actos sociales.

“La alta costura deberia convivir con el prêt-à-porter” Manuel Pertegaz

Otro profesional de la moda que expresó su admiración por las modelos de Pertegaz es el fotógrafo Antoni Bernard. Conoció al diseñador en los años 60 cuando le encargaron un reportaje fotográfico sobre él y a raíz de ese primer contacto surgió una relación de amistad, además de innumerables fotografías profesionales  y personales. Una de esas imágenes presidió el despacho de Pertegaz durante mucho tiempo, un detalle que Bernard agradeció ilusionado.

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Pertegaz en su despacho. Al fondo una fotografía realizada por Antoni Bernard en 1975.

Antoni Bernard realizó las fotografías del catálogo de la exposición de Pertegaz en el Museo Reina Sofía en 2004 y que estuvo comisariada por Elio Berhanyer. Además de fotografiar las piezas expuestas realizó una sesión de fotos en la que Laura Ponte, una de las musas del fotógrafo, daba vida a los vestidos de Pertegaz. Es inevitable sonreír escuchando a Bernard relatar lo mucho que disfrutaron ambos descubriendo la calidad de la confección y los trucos que utilizaba el diseñador para realzar la figura de sus clientas.

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1.Laura Ponte con un conjunto en crêpe collé negro, madroños y botones de azabache (a.1989)  2.Vestido en glacé negro y flores de organza. Pamela de rafia y tul (a.1992) 3.Vestido en crêpe de seda blanco bordado con turquesas y abalorios (a.1966) 4.Vestido en crêpe negro y botones de abalorios (a.1975)

En uno de sus últimos trabajos juntos, Pertegaz se negó a posar y Bernard se dio cuenta (no sin poca sorpresa) que desde aquella primera fotografía 40 años atrás “él había madurado y Pertegaz se había hecho un niño”. Lola Gavarrón, presente entre el público, también definió a Pertegaz como un niño, pero no por momentos como ese sino por la ilusión y la energía que ponía en todo lo que hacía.

Las negativas de Pertegaz eran míticas, casi siempre decía que no a priori pero en alguna ocasión se dejaba convencer, tal y como contó Jesús Mª Montes-Fernández. El periodista explicó con palabras de agradecimiento cómo en un momento profesional delicado y crucial para ambos ese “no” inicial se convirtió en un “sí” muy importante para su carrera. Tenía que conseguir unas declaraciones del diseñador acerca del vestido de novia de la Reina Letizia en un momento en el que el diseñador no daba entrevistas a nadie por la proximidad de la boda real y aunque en un primer momento Pertegaz no quería hablar para la cámara, finalmente accedió.

El vestido de novia de la Reina Leticia está expuesto en el Palacio Real de Aranjuez.

Jesús Mª Montes destacó la capacidad creativa y de trabajo de Pertegaz. Cada una de sus colecciones contaba con mas de 150 modelos (algunos de tres piezas) frente a los 70  que hoy en día presenta Chanel en su colección de Alta Costura, la más amplia de la semana de la moda parisina.

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Entre los talleres de Madrid y Barcelona Pertegaz llegó a tener a más de 700 personas a su cargo.

Sorprende que con semejante volumen de trabajo Pertegaz no tuviera ayudantes y que “sólo” contara con su jefa de taller, sus costureras y bordadoras para sacar adelante las colecciones. Nuria Valldaura afirmó que “fue maestro de maestro para quien quisiera aprender” pero lo cierto es que nadie aprendió de primera mano todo el conocimiento y savoire- faire que atesoraba ya que siempre dijo que “no tenia tiempo de enseñar a la gente”.

Algo de lo que se lamenta Enrique Loewe, Presidente de la Fundación Loewe de la que Pertegaz fue patrono, porque vivimos en “un mundo falto de belleza, del buen gusto y proporciones en la vida cotidiana de la que Pertegaz fue un maestro” y se echa de menos una figura así.

Fotografía de Antoni Bernard realizada con motivo de la presentación del documental “El hombre que vistió a los cisnes”.

“Cuando uno está cerca de un genio se siente una cosa excepcional, se siente como un frío, como un vacío, algo especial y Pertegaz me transmitía esa sensación” Enrique Loewe

Pertegaz fue un maestro no sólo como couturier sino también como empresario. La única biógrafa hasta el momento del diseñador, la periodista Isabel de Vilallonga, participó en la mesa redonda y aprovechó la ocasión para animar a que alguien se decida a escribir una biografía más amplia y completa sobre el diseñador. Una biografía que en parte sería una aproximación a la historia del país: un retrato de la Barcelona de la posguerra, de la burguesía catalana y la alta sociedad madrileña a través de las clientas de Pertegaz.

Muchas de esas mujeres, entre ellas Dione de Pertegaz, han donado sus vestidos al Museo del Traje de Madrid. Concha Herranz, conservadora del museo, destacó la importancia de las donaciones para acrecentar los fondos de la colección y agradeció este gesto de generosidad ya que “desprenderse de un Pertegaz es motivo de emoción para sus clientas, que guardan sus trajes como tesoros”

Vestidos de Pertegaz. Colección del Museo del Traje de Madrid.

Gracias a esas donaciones el público puede disfrutar de las creaciones de Manuel Pertegaz, un diseñador que ha sido uno de los grandes de la Ata Costura con mayúsculas y al que después de este homenaje conocemos un poco mejor.

Pedro Mansilla recordó algunas anécdotas vividas junto al diseñador y aunque mantuvo la voz firme en todo momento (a diferencia de otros participantes que interrumpieron su discurso por la emoción) transmitió con sus palabras el afecto y admiración que siente por Manuel Pertegaz y quiso despedir el acto recordando esta fotografía del diseñador:

“Está tan lleno de energía,de fuerza y travesura. Es tan manolo…”

Manuel Pertegaz en un retrato realizado por Robert Royal a.1972

La reina del destape

La Virgen de la leche de Fouquet ha pasado unos meses de “vacaciones” en el Museo del Prado gracias a un préstamo del Museo de Bellas Artes de Amberes y por fin he podido verla en vivo y en directo. Recorrí las salas del museo emocionada, ansiosa por tenerla delante y cuando la vi fue como una aparición. Compartía sala con otros cuadros de la colección del Museo del Prado pero con esa presencia y esa piel nívea casi refulgente sólo se la veía a ella. El cuadro no era tan grande como me esperaba pero sí tan impactante. Me quedé allí un buen rato, haciendo capturas de pantalla mentales y grabando en mi memoria la sensación que me producía contemplarlo ya que no sé cuándo podré volver a verla…

La Virgen con ángeles y el niño Jean Fouquet

Virgen con el niño y ángeles, Díptico de Melun. Jean Fouquet a.1452 Museo Real de Bellas Artes de Amberes

Esta obra representa a la Virgen como madre y reina de los cielos y ha levantado pasiones desde que fuera realizada hacia 1450. No es una obra aislada ya que forma parte del Díptico de Melun que fue encargado en 1952 por Étienne Chevalier, el tesorero de los reyes Carlos VII y su hijo Luis XI de Francia, para su capilla funeraria en Notre Dame de Melun. Chevalier eligió para tan importante encargo a Jean Fouquet, quien a pesar de su juventud (entonces tendría unos 30 años) ya era un pintor cotizado y muy alabado como retratista. Las dos partes del díptico fueron separadas en 1775  y hoy se encuentran en Berlín y Amberes. Pero hay una tercera parte que se encuentra en París: el único fragmento que se ha conservado del marco original del cuadro.

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Medallón realizado por Jean Fouquet en cuero y esmalte c.1450. Museo del Louvre 

En este medallón Jean Fouquet se autorretrata como artista, con camisa y gorro de trabajo, junto a una inscripción con su nombre en latín que añadió para que no hubiera dudas de quién se trataba. Estamos ante el primer autorretrato en solitario  de un artista en la pintura de occidente. Parece que la moda de los selfies no es tan novedosa aunque en este caso tenía un noble propósito: reafirmar la autoría de la obra y la condición de artista del pintor.

En Berlín podemos ver  la tabla izquierda del díptico en la que se representa a Étienne Chevalier junto a San Esteban, su santo protector, que lleva una piedra símbolo de su muerte por lapidación. 640px-Jean_Fouquet_006

Étienne Chevalier y san Sebastián, Díptico de Melun. Jean Fouquet .1452 Gemäldegalerie de Berlín

Esta piedra no es una canto rodado cualquiera sino que es una piedra preciosa sin tallar, un objeto de lujo que refleja el poder del comitente.El detallismo con el que Fouquet representa la sangre manando de la cabeza de San Esteban da escalofríos…

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Chevalier  lleva un peinado similar al de San Esteban (pero sin tonsura) que se puso de moda a comienzos del s.XV.  Este corte de pelo podía deberse a que las prendas masculinas de la época tenían un cuello (o carcaille) muy alto que hacía que pareciese que la persona que la llevaba tenía el cuello hundido entre los hombros, así que para compensar se cortaba el cabello muy corto. Es el peinado que lucía Juana de arco, la santa guerrera que coronó a Carlos VII en Reims. Juana de Arco se cortó el pelo después de tener una revelación en sueños y fue por ello duramente criticada (además de por otras muchas cosas) ya que lo adecuado en aquella época era que las damas lucieran el pelo largo. La imagen de Juana de Arco ha sido una fuente de inspiración estética en los siglos posteriores, hasta el famoso corte a lo garçon creado por el peluquero Monsieur Antoine y tan de moda en los años 20 tiene a esta aguerrida mujer como referente. Quién les iba a decir a los hombres de la Edad Media que Juana de Arco influiría tanto en la moda del s.XX y XXI…

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 Milla Jovovich en “Juana de Arco” del director Luc Besson (a.1999)

 Rihanna

Rihanna durante su actuación en rock in río Madrid (a.2010)

 Louise Brooks

La actriz Louise Brooks c.1920

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Corsé metálico creado por Thierry Mugler en 1995      

Nicolas Vaudelet Joan Dark Primavera 2014

Colección” Joan Dark” de Nicolás Vaudelet (2014)

         French revue des modes Chebanenko by Ishi         

          Fotografía de Ishi para French Revue des Modes (a.2011) 

En la indumentaria de Chevalier se aprecia su posición privilegiada, tanto social como económicamente.Viste una hopalanda,una prenda amplia y larga con mangas en forma de saco ajustadas en la muñeca y ceñida con un cinturón que hace que se formen pliegues tubulares en la tela. Estaba confeccionada en terciopelo y  forrada de piel, materiales lujosos que van en consonancia con la piedra preciosa que sostiene San esteban y con la condición social del retratado. La minuciosidad y el detallismo que se aprecian en esa obra nos permiten apreciar las calidades de la materiales y es una  influencia directa de artistas de la escuela flamenca como Van Eyck,cuya obra era de sobra conocida por Fouquet.

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Detalle del díptico de Melun en el que se aprecian la amplitud de los pliegues y los detalles en piel de la vestimenta de Étienne Chevalier

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Abrigo de Cristóbal Balenciaga realizado en tweed y forrado en piel de marta cibelina. a.1962 Museo Cristóbal Balenciaga (Guetaria)

Viendo la otra tabla del díptico en la que se representa a la famosísima virgen con ángeles, el contaste entre dos partes es total: de un espacio real pasamos a un espacio casi abstracto con un colorido irreal que hace que dudemos si estamos ante un cuadro medieval o ante una obra de vanguardia. La propia virgen es una figura de concepción cubista : el cuerpo es un triangulo isósceles , el rostro un ovalo y el pecho una circunferencia perfecta realizada con compás.

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La composición esta formada a base de círculos hexagonales que se inscriben en un círculo que es la parte central de la composición.  Fouquet aprendió el uso de la geometría en su estancia en Florencia donde conoció la obra de maestros del Quattrocento italiano como Piero della Francesca y Paolo Uccello. 

Los ángeles que rodean a la virgen tienen algo de demoníaco por ese color rojo pero también por su mirada inquietante. Ese color se debe a que en los textos de los padres de la Iglesia se indica que los ángeles serafines son de color rojo y los querubines azules.  Su aspecto irreal, casi de plástico, simula el efecto de la cerámica vidriada de artistas como Luca della Robbia, a quien Fouquet conoció en su estancia en Florencia.

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Detalle de los ángeles que rodean a la Vírgen

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 Madonna de la Manzana, Luca della Robbia (c.1450) Museo Nacional Bargello de Florencia 

Son muchas las preguntas que uno se hace cuando se encuentran frente a esta obra ¿La virgen está sentada en su trono celestial o está de pie? Si su cuerpo está de frente al espectador ¿por qué la arruga de su vestido nos da la impresión de que está en escorzo? ¿Dónde está sentado el niño? Y sobre todo…¿Quién es esa impresionante dama que representa a la virgen?

Ella es Agnès Sorel, la amante oficial de Carlos VII de Francia y la mujer mas bella de Francia…al menos así la consideraban sus contemporáneos. Una dama muy controvertida por su belleza, su supuesta frivolidad y el gusto por el lujo así como por su influencia sobre el rey incluso en asuntos de estado. La manera en que fue representada por Fouquet en este lienzo tiene un punto oscuro y seductor que tratándose de una Virgen resulta blasfemo, aunque la intención de Fouquet no fuera sexualizar su figura. La erotización de asuntos religiosos estaba a la orden del día en la Edad Media pero seguro que la Iglesia no se esperaba una representación de la Virgen como esta.

Su  presencia es imponente pero a la vez tiene una expresión inocente y distraída. Da la sensación de que podría atravesarte con la mirada pero en realidad no está mirando al espectador, puede que dirija la vista hacia el niño el suelo. No existe contacto visual con el espectador pero este llega a sentirse intimidado ya que  intuye en esos ojos que no le miran y en su gesto algo desafiante que acompaña a la postura de la virgen.

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Llama la atención su lujoso vestido, no en vano esta “muñeca de moda”, como la ha definido Johann Huizinga, es un magnifico ejemplo para conocer la moda de la epoca medieval en Francia. Hacia el final del reinado de Carlos VII se vivió un renacer del lujo en el vestir, seguramente debido a la indumentaria de la propia Agnés Sorel, que se vería atenuado durante el reinado de Luis XI ya que éste apenas le daba importancia a la indumentaria, ni siquiera a la suya propia.

Los trajes de “la dame de beauté” (así llamaban a la favorita del rey) estaban confeccionados con lujosas telas y forrados de piel. Se ajustaban a la cintura con un cinturón adornado con diamantes que le proporcionaba Jacques Coeur, su amigo y consejero de finanzas y en asuntos de moda.  Hasta entonces los diamantes sólo los lucían los hombres mas poderosos, algunos monarcas y los marajás, y Agnès fue la primera mujer en lucirlos dando comienzo a un  idilio entre los diamantes y las mujeres que hoy aún hoy día se mantiene.

Este lujo no pasó desapercibido en la época y no fueron pocas las críticas que recibió por ello, como demuestran las palabras del George Chatelain: “Llevaba colas una tercera parte más largas que las princesas de este reino, tocados mas altos, vestidos mas costosos y experta solo en vanidad, de día y de noche”.

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Los vestidos con cola se empezaron a llevar durante la Edad Media y estuvieron muy de moda en la corte francesa, desde donde se dictaban las tendencias para el resto de Europa, ya que gustaba todo aquello que diera boato a la imagen. La longitud de la cola iba en consonancia con el rango social.

En el cuadro se refleja ese lujo y se representa a la Virgen siguiendo los dictados de la moda de la época. Debajo de la espectacular corona de perlas y piedras preciosas  lleva un delicado velo de gasa cuyo brillo Fouquet representa con maestría a base de trazos blancos y que deja ver el comienzo del cabello rubio. En la época era tendencia afeitarse las cejas, la frente y las sienes para parecerse lo más posible a la esculturas clásicas y lucir una piel lo más pálida posible ya que esto era símbolo de un estatus social alto.

rostro virgen

La virgen abre su capa blanca forrada de armiño para ofrecer su trono a su hijo y deja ver un traje de seda azul muy ajustado,con costuras curvas que afinan la cintura y muy ceñido en la parte superior con un corsé muy escotado y abrochado por delante con cintas. El vestido le está tan prieto que se arruga alrededor de la cintura y de la manga aunque puede que esas arrugas se deban al uso ya que entonces no era habitual lavar y planchar la ropa muy a menudo.

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 Como prenda interior lleva una camisa de tela fina o seda larga,  escotada y con mangas que servia como bata y también para bañarse: hay que tener cuenta que los hábitos de higiene en aquella época eran bien distintos.

El corsé abierto deja ver uno de sus pechos, tan enhiesto y esférico que parece obra de un cirujano plástico.  Aunque pueda parecer un acto de provocación este destape era habitual en las llamadas Vírgenes de la leche, vírgenes madres a las que se representa en todo su esplendor en una clara alusión a la lactancia. pecho Al mismo tiempo este  escote tan exagerado es muy identificativo de la imagen de Agnès Sorel ya que ella introdujo en la corte la moda de llevar amplios escotes que dejaban ver la curvatura de sus senos, lo que en en el s.XV resultaba de lo más escandaloso. Incluso se dice que sus escotes dejaban completamente al descubierto uno de sus pechos.

A pesar del escándalo, Agnés Sorel siguió siendo una figura influyente en el s.XIX, cuando hacia la década de 1850 vemos que se usaba su nombre para definir un determinado tipo de corsé y una silueta muy parecida a la linea princesa.

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 Ilustración del corsé estilo Agnès Sorel

Pero ¿cómo llegó a ser tan influyente una  amante del rey?

Cuando tenía 18 años Agnès entró en la corte francesa como dama de honor y se convirtió en  la primera  amante oficial del rey. Esta aventura extramatrimonial contaba con el consentimiento de la esposa de Carlos VII, la reina María de Anjou, ya que la personalidad alegre y cariñosa de Agnès era muy beneficiosa para el  animo depresivo del rey.  Ademas la belle beauté tenía una gran personalidad y participaba en los asuntos de estado en una época convulsa para Francia por los problemas con Inglaterra. Precisamente su influencia sobre el pusilánime Carlos VII provocó más de un conflicto con el heredero del monarca y futuro Luis XI, quien sentía unos celos y una aversión terribles hacía Agnès que perdurarían incluso después de la muerte de la favorita del rey.

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Sepulcro de Agnès Sorel en la colegiata de Loches, Francia.

El delfín no era su único enemigo en la corte así que cuando murió en 1450 con  28 años, embarazada de su cuarto hijo y en extrañas circunstancias las sospechas de envenenamiento fueron inmediatas. Esas sospechas se confirmaron en 2005 tras al exhumación y análisis de los restos de Agnés que realizó el forense Philippe Charlie, quien confirmó que su muerte se debió a la ingesta de una altísima dosis de mercurio.

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Biografía del perfil de Twitter de Philippe Charlie, cuyo nombres de usuario es “Doctor demasiado tarde”, en la que se puede leer: “Mis pacientes: usted (pronto), Agnès Sorel, Diana de Poitiers, Enrique IV, Ricardo Corazón de León, Robespierre,etc.”

Resulta curioso que la imponente imagen de la mujer mas seductora de la Francia medieval acompañara a Étienne Chevalier y su esposa en su capilla funeraria en Melun. Aunque no debería sorprendernos tanto si tenemos en cuenta que Agnès  eligió a Chevalier como testamentario  y siempre favoreció a Fouquet en la corte, por lo que no es extraño que aparezca representada en esta obra ya que tanto el tesorero como el artista sentían una gran estima por ella.

El deseo de Chevalier era  compartir la eternidad con Agnès  Sorel  pero los avatares de la historia les han separado y seguro que están deseando reunirse. Ojalá no haya que esperar mucho para que las dos tablas del Díptico de Melun vuelvan a reunirse en alguna exposición.

Imágenes: 

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